VI Darse cuenta (el carro)

La mente no puede ser nunca inteligente; únicamente la nomente es inteligente; es original y radical; solo la no-mente es revolucionaria: es la revolución en acción.

Esta mente te da un tipo de letargia. Agobiado con las memorias del pasado, cargado con las proyecciones hacia el futuro, sigues viviendo al mínimo; no vives al máximo. Tu llama se mantiene muy débilmente. 

Una vez empiezas a dejar los pensamientos, el polvo que has recolectado en el pasado, la llama surge limpia, clara, vital, joven. Toda tu vida se convierte en una llama sin humo. En esto consiste la conciencia. 

 

Comentario:
El velo de la ilusión o maya, que ha estado impidiéndote percibir la realidad tal como es, está empezando a consumirse. El fuego no es el ardiente fuego de la pasión, sino la llama imperturbable de la conciencia. Al quemar el velo, el delicado rostro del niño Buda se hace visible.

La conciencia que está creciendo en ti ahora, no es el resultado de ningún hacer consciente, tampoco necesitas luchar para conseguir que algo suceda. Cualquier sensación que hayas podido tener de que has estado tanteando por la oscuridad, se está disolviendo ahora o se disolverá pronto. Deja que se asienten las cosas y recuerda que en lo más profundo de ti solamente hay un testigo eternamente silencioso, consciente y que no cambia.

Un canal se está abriendo ahora, desde la circunferencia de actividad a este centro de observación. Te ayudará a permanecer sin identificarte, y una nueva conciencia quitará el velo de tus ojos.

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